Otra noche, la misma pregunta

Otra noche más con una copa de vino en la mano, mirando al vacío y pensando lo mismo de siempre: ¿dónde carajo se consigue un amante en esta época sin que todo se convierta en un drama griego?

Porque sí, trabajo desde casa. Suena como un sueño… hasta que te das cuenta de que elimina casi todas las opciones. No hay oficina llena de posibles candidatos, no hay compañeros con los que charlar en la máquina de café, y los viajes de trabajo son tan raros que parecen un premio de lotería. Básicamente vivo entre mi escritorio, la cocina y el living. Las posibilidades románticas (o más bien prohibidas) se reducen a cero.

Apps, no gracias: demasiado riesgo para tan poco glamour

Los sitios web y apps de citas discretas ni los menciono. Imaginate que mi marido se aviva… o peor, que él también esté buscando lo suyo y nos crucemos en la misma plataforma. Sería el plot twist más humillante de la historia. Paso olímpico.

¿Salir a buscar en la ciudad o el pueblo? Ni loca. Acá todos se conocen, las paredes tienen oídos y no hay lugar lo suficientemente grande para esconderte. Un café de más y ya tenés tres mensajes al otro día preguntando “¿y ese señor con el que te vi?”.

Los mitos de la infidelidad urbana

He escuchado todos los mitos de infidelidad urbana que circulan por ahí. Dicen que hay gente que se conoce en el supermercado: “fue a buscar leche y terminó con una aventura en el pasillo de las conservas”. Suena lindo, pero para mí es pura mitología. Yo solo me cruzo con señoras que me recomiendan ofertas y el repositor que ni me mira.

También está el mito del gimnasio: “vas a hacer ejercicio y surge la química con el entrenador o con alguien que levanta pesas al lado”. Otro cuento. Yo ni voy al gym, y aunque fuera, dudo que sudando y jadeando sea el momento más seductor.

Y el clásico: “en los viajes de trabajo todo puede pasar”. Claro, como si yo tuviera viajes cada dos meses. La realidad es que la mayoría de nosotras estamos atrapadas en la rutina, escuchando estas historias como si fueran leyendas urbanas modernas.

Vino, rutina y radar roto

Total que termino acá, sola con mi vino, preguntándome si realmente es tan complicado o si soy yo la que tiene el radar completamente roto.

¿Alguien más en la misma situación? ¿Qué mito de infidelidad urbana te contaron que nunca te creíste? Contame en los comentarios cómo lo resolvés (o si también estás en sequía total y absoluta).

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