Mujer joven con cabello largo y rizado, sosteniendo una taza de café en un escritorio casero.

Hola, soy Luz. O al menos la versión actual de Luz.

Probablemente te estés preguntando quién soy y por qué estoy escribiendo un blog sin una misión clara, un plan de negocios, una estrategia de marketing ni un gurú espiritual diciéndome qué hacer.

La respuesta es simple: porque mi cerebro necesita vacaciones.

Y como no puedo mandarlo a una playa del Caribe, decidí vaciar parte de su contenido acá. Este blog es básicamente eso: una colección de pensamientos aleatorios, opiniones dudosas, observaciones innecesarias y alguna que otra crisis existencial servida con humor.

Entonces, ¿por qué presentarme?

Porque de alguna manera terminaste acá. Y aunque no quiero hacerte perder el tiempo con mis teorías no verificadas, mis investigaciones realizadas en la prestigiosa Universidad de Google y mis conclusiones sacadas a las 2 de la mañana mientras no podía dormir, me pareció justo darte una pequeña advertencia antes de que te adentres en el caos.

Soy argentina, vivo en el exterior desde hace más de una década y he pasado años entre Estados Unidos y Europa. Eso me dejó con una mezcla fascinante de confusión cultural, acentos raros, costumbres contradictorias y la habilidad de sentirme extranjera en varios lugares al mismo tiempo.

Con los años fui dejando atrás muchas versiones de mí misma. Algunas mejores que otras. Algunas más inteligentes que otras. Y aunque mi cuenta bancaria no parece haberse enterado de esta evolución personal, me gusta pensar que me volví más abierta de mente y menos propensa a creer que siempre tengo razón.

En vidas pasadas —es decir, en blogs anteriores que probablemente quedaron abandonados en algún rincón oscuro de internet— siempre escribía en inglés.

No porque lo hablara mejor. Tampoco porque me creyera británica después de tomar una taza de té.

Simplemente porque me resultaba más fácil.

El inglés, para mí, siempre fue como seguir una receta: ingredientes, pasos y resultado final. El castellano, en cambio, se parece más a esas reuniones familiares donde alguien cuenta una anécdota, otro agrega un detalle, aparece una historia paralela y veinte minutos después nadie recuerda cuál era el tema original.

Pero después de tantos años viviendo afuera, empecé a extrañar mi idioma. Y aunque todavía me cuesta más escribir en castellano que en inglés, finalmente junté coraje para hacerlo.

Así que si alguna frase suena rara, si invento expresiones sobre la marcha o si mi corrector ortográfico entra en crisis existencial, sepan disculpar. Estoy reaprendiendo a escribir en el idioma en el que aprendí a hablar.

Así que bienvenida, bienvenido o simplemente vos, persona curiosa que cayó acá por accidente.

No prometo enseñarte nada, cambiarte la vida ni convertirte en una mejor versión de vos mismo. De hecho, ni siquiera estoy segura de convertirme yo en una mejor versión de mí misma.

Pero sí prometo compartir pensamientos honestos, historias, opiniones, desastres cotidianos, pequeños triunfos y algunas observaciones sobre esta cosa extraña que llamamos vida.

Y si en el proceso te saco una sonrisa, te hago sentir acompañado o al menos evitás aburrirte durante cinco minutos, entonces este experimento ya habrá cumplido su objetivo.

Pasá, ponete cómodo y tratá de no juzgar demasiado. Yo voy a hacer exactamente lo mismo.

Besos,

L