En el fondo —muy en el fondo, ahí donde guardamos las verdades que no decimos en voz alta— a todas nos gusta un poquito el drama. No el que nos arruina la semana, claro. No el que nos quita el sueño. El otro. El ajeno. El que se mira con pochoclos.
El drama ajeno siempre es más entretenido
Si no fuera así, ¿cómo se explica que hayamos seguido el Wandagate como si fuera una miniserie de HBO? ¿Cómo se explica que esperemos los chismes de nuestras amigas con la misma ansiedad con la que esperamos el final de una novela? ¿Cómo se explica que digamos “contame TODO” antes de preguntar si la persona está bien?
Nos encanta. Nos entretiene. Y, seamos sinceras, nos hace sentir un poquito menos solas en el caos. Porque cuando descubrimos que otra persona también está tomando decisiones cuestionables, mandando mensajes que probablemente no debería mandar o analizando por quinta vez algo que claramente ya está analizado, sentimos, de alguna manera, que no estamos tan mal.
El problema es que a veces hacemos exactamente lo mismo con nuestra propia vida.
Cuando disfrutamos del drama en nuestra propia vida
Sabemos qué deberíamos hacer. La intuición ya nos lo dijo, la lógica también y probablemente nuestra mejor amiga lleva tres semanas diciéndonos exactamente lo mismo.
Y, sin embargo, esperamos.
A ver qué pasa. A ver si cambia algo. A ver si aparece una señal. O, mejor todavía, a ver si aparece un plot twist que nos permita no tomar la decisión que ya sabemos que tenemos que tomar.
Hay una parte nuestra que dice: “Bueno, sí. Ya sé lo que tengo que hacer.”
Y otra, bastante más entretenida, responde: “Sí, pero esperemos un poquito. A ver si el universo se pone creativo.”
Y ahí estamos, entre la intuición y la novela, entre la lógica y el caos, entre lo que sabemos que deberíamos hacer y lo que hacemos igual porque… bueno… drama.
No estoy indecisa.
Estoy disfrutando del drama.
Ese mini caos que no destruye nada pero le pone sabor a la trama. Ese suspenso que no cambia la vida pero la vuelve un poquito más interesante.
Porque sí: somos racionales, inteligentes y adultas funcionales. Pero también somos humanas.
Y a veces, solo a veces, nos permitimos un poquito de novela.
Aunque sepamos perfectamente cómo termina.
Ahora quiero saber: ¿cuál es ese drama de tu vida que sabés perfectamente cómo resolver, pero igual estás disfrutando mirar un capítulo más?
Prometo no juzgar. Bueno… un poquito. 😏
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