¿Soy yo o los conductores están cada vez más agresivos? Sobreviviendo al manejo suburbano
Entre el trabajo remoto, la maternidad y los viajes diarios a la escuela, descubrí algo inesperado: manejar en los suburbios puede ser una experiencia digna de un reality show. Si alguna vez sufriste a un conductor agresivo, los bocinazos innecesarios o el estrés al volante, este post es para vos.
Del trabajo remoto al caos vial
Antes de la pandemia, cuando trabajaba en la ciudad, era libre. Libre de verdad. Me tomaba un café donde se me cantaba, caminaba por algún parque después del trabajo, iba al supermercado a cualquier hora y hasta podía perder tiempo mirando vidrieras sin culpa. El mundo era mío.
“Qué cómodo”, dijeron.
Sí, claro.
Ahora vivo en los suburbios. O mejor dicho, según algunas madres extremadamente quisquillosas de la escuela de mi hija, vivimos en una especie de limbo extraño entre ciudad chica y suburbio. Porque aparentemente eso es información importante para la humanidad. Lo que vos digas, Karen.
La emocionante vida social de una madre suburbana
La realidad es que hoy salgo de casa únicamente cuando no me queda otra. Mis aventuras consisten en llevar y buscar a mi pequeña goblin de 9 años en la escuela, ir al gimnasio si los planetas se alinean durante mi hora de almuerzo y hacer alguna compra en el supermercado.
¿Salir a pasear? ¿Tomar un café? ¿Disfrutar de la vida?
No, gracias.
Porque manejar en los suburbios me da años de vida… pero para peor.
Conductores agresivos: la verdadera plaga suburbana
Y no, no le tengo miedo a manejar.
Le tengo miedo a los otros conductores.
A esos especímenes que creen que el guiño es un accesorio decorativo. A los que se te pegan atrás tan cerca que podrían leer la fecha de vencimiento de tu patente. A los que frenan de golpe como si acabaran de ver un ovni aterrizando en la banquina.
Esos.
Para que entiendan el nivel de señora responsable que soy al volante, manejo como una monja un domingo por la mañana. Antes de arrancar reviso el cinturón, los espejos, el GPS, la presión emocional de la semana y probablemente hasta la alineación de los chakras.
Y sí, uso las luces de giro.
Las uso con anticipación.
Porque yo pensaba que así funcionaba la sociedad.
Cuando usar la luz de giro parece un crimen
Ayer, por ejemplo, salí a buscar a mi goblin a la escuela. Entro a la autopista, encuentro un hermoso espacio entre dos autos para cambiar de carril, pongo el guiño con tiempo, todo prolijo, todo legal, todo civilizado.
¿Y qué hace el energúmeno que viene atrás?
Acelera.
Y me toca bocina.
¿Perdón?
¿Vos viste la luz de giro o pensaste que estaba practicando código Morse?
Te avisé. Con tiempo. Con educación. Con una claridad que ni los carteles luminosos de Las Vegas.
Pero aparentemente el señor estaba entrenando para una secuela de Rápido y Furioso y yo estaba interfiriendo con su sueño.
Estrés al volante y paciencia nivel zen
Así que hice lo que cualquier persona madura y equilibrada haría.
Levanté el pie del acelerador.
Mucho.
Si vas a ser un maleducado, ahora vas a tener tiempo para reflexionar sobre tus decisiones mientras avanzás a velocidad de tortuga detrás mío.
¿Tenías apuro?
Hubieras salido antes de tu casa, campeón.
Yo no voy a jugarme la vida para que vos llegues 0,3 segundos antes a tu destino.
De hecho, cuanto más agresivo se pone alguien atrás mío, más conecto con mi tortuga espiritual interior.
¿Me tocás bocina?
Voy más despacio.
¿Me hacés luces?
Más despacio todavía.
¿Gesticulás como si estuvieras teniendo un ataque?
Excelente. Ahora respetaremos rigurosamente cada límite de velocidad existente en el planeta.
Cómo sobrevivir a los conductores impacientes
Y ni hablemos de los que te tocan bocina cuando estás esperando para doblar en una esquina.
Sí, claro.
Permitime lanzarme ciegamente al tráfico que viene de frente para que vos puedas llegar al Starbucks treinta segundos antes.
No, gracias.
No pienso arriesgar mi vida para que alguien consiga su latte de vainilla con espuma extra.
Según mi experiencia, el mayor desafío de la vida suburbana no es el tráfico ni las distancias. Son los conductores agresivos que parecen creer que cada viaje es una clasificación para la Fórmula 1.
Sobreviviendo a la jungla suburbana
Pero ese tema merece un artículo entero porque podría escribir durante horas sobre la epidemia de conductores impacientes, bocineros y convencidos de que el universo gira alrededor de ellos.
Mientras tanto, cuéntenme ustedes…
¿Cómo vienen sobreviviendo a la jungla suburbana?
¿Alguna historia divertida (o traumática) de manejo que quieran compartir?
#ConductoresAgresivos #VidaSuburbana #EstresAlVolante

