Mi familia, las apuestas y mi lenta transformación en gremlin
Mi familia y mis amigos tienen un pool de apuestas sobre cuánto voy a aguantar sin trabajar antes de convertirme en un ser humano horrible, intolerante, irritable y aburrido. Algunos dicen tres semanas. Otros, más optimistas, me dan hasta fin de mes. Yo no quiero influir en las apuestas, pero ya estoy empezando a pelear con la tostadora, así que veremos.
La gloriosa aventura de buscar trabajo
Mientras tanto, oficialmente entré en esa etapa gloriosa de la vida adulta llamada: buscar trabajo. Y qué aventura, ¿no?
El tour de llamadas a amigos y contactos olvidados
La primera fase de esta aventura es llamar amigos. Esos amigos que no ves hace años, pero que ahora reaparecen porque necesitás saber si en sus empresas hay algo, cualquier cosa: un rol, un rumor, un pasante que renunció, un jefe que se jubiló, un Excel que explotó.
La conversación empieza con un “Che, ¿cómo andás? Tanto tiempo…”. Todos sabemos que esa frase es el equivalente laboral de “¿tenés cinco minutos para hablar de tu proveedor de internet?”. Pero ahí vamos, con dignidad, tratando de sonar casual mientras en realidad estamos haciendo un barrido de oportunidades como si fuéramos un radar humano.
Después vienen los contactos. Esos conocidos que no son amigos, pero tampoco enemigos, y que ahora se convierten en fuentes de información valiosísima. Les preguntás cosas esenciales como: “¿Tu empresa es tóxica o solo un poquito?”, “¿Tu jefe grita?”, “¿La gente renuncia llorando o solo renuncia?”. Información crítica para decidir si vale la pena mandar el CV o si mejor sigo apostando a la tostadora.
Reconstruir un network inexistente (gracias, coach)
También hablé con mi coach, que básicamente me dijo que tengo que reconstruir mi network. Mi network. Ese concepto tan lindo que suena a brunch con gente interesante, pero que en mi caso es inexistente porque trabajé seis años desde casa sin contacto humano, más allá del señor del UPS que ya me saluda por mi nombre.
Así que ahora estoy aprendiendo a “conectar”, que es una forma elegante de decir: mandar mensajes a gente que no sabe que existo. Es un ejercicio de humildad, vulnerabilidad y creatividad. Y también un recordatorio de que el networking no es magia: es trabajo, paciencia y un poco de fe.
El currículum y el pozo ciego de las aplicaciones online
Y después está el currículum.Ese documento que uno escribe, reescribe, pule, ajusta, recorta, vuelve a expandir, cambia de formato, cambia de fuente, cambia de personalidad. A veces siento que mi CV tiene más versiones que Windows.
Lo mando a las aplicaciones online, ese pozo ciego donde los CV van a morir. Si recibo un “gracias por participar pero vamos con otros candidatos”, lo celebro como si fuera un logro. ¡Alguien lo miró! ¡Milagro! La vara está baja, pero la esperanza sigue viva.
La resiliencia como deporte extremo
La resiliencia se vuelve un deporte extremo. Cada rechazo es una medalla. Cada silencio es parte del entrenamiento. Y uno sigue, porque en algún lugar del universo existe esa llamada mágica que te va a dar una oportunidad. Esa llamada que, según mi familia, debería llegar antes de que yo me convierta en un gremlin emocional.
Mientras tanto, sigo apostando a que voy a mantener la cordura. O al menos la versión de cordura que tenía antes de todo esto.
Tu turno: hablemos de tu búsqueda
Mientras tanto, sigo apostando a que voy a mantener la cordura. O al menos la versión de cordura que tenía antes de todo esto.
Y ahora, te toca a vos: Si estás en la misma, si estás buscando, reinventándote, peleando con tu propia tostadora emocional… contame. ¿Qué parte del proceso te está volviendo loco? ¿Qué consejo te dieron que te sirvió? ¿Qué empresa te ghosteó con más estilo?
Te leo. Y te acompaño. Porque este camino es más llevadero cuando lo caminamos juntos.
Beso
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[…] un momento en la búsqueda laboral —ese deporte extremo que combina ansiedad, café y refrescar el inbox compulsivamente— en el […]